¿Qué pasaría si tu organización pudiera mejorar la retención de talento, potenciar la innovación y anticiparse a desafíos de inclusión con una sola acción? Cada vez más empresas están descubriendo que los grupos de empleados dedicados a la neurodiversidad, también conocidos como ERGs (Employee Resource Groups), pueden marcar la diferencia no solo en términos de bienestar, sino como parte activa de la estrategia de negocio.
En los últimos años, la conversación sobre el impacto de la neurodiversidad en el entorno laboral ha ganado espacio. A medida que más profesionales autistas, TDAH, con dislexia u otras formas de procesamiento neurodivergente, se sienten con voz para compartir su experiencia, surge una oportunidad para las organizaciones: dejar de abordar la neuroinclusión como un gesto aislado o reactivo y comenzar a integrarla como parte esencial de su cultura corporativa.
¿Qué aporta un ERG centrado en neurodivergencia?
Un ERG sobre neurodiversidad reúne a personas con condiciones neurodivergencia como TDAH, autismo o dislexia, o que conviven y comparten experiencias con neurodivergentes, así como a aliados comprometidos con construir entornos neuroinclusivos. A diferencia de enfoques superficiales o simbólicos, estos grupos permiten identificar barreras cotidianas, proponer ajustes razonables y co-crear soluciones que benefician a toda la plantilla.
Su valor no se limita al apoyo entre pares. Muchas veces, el conocimiento que surge desde estos espacios se traduce en propuestas que mejoran políticas internas, procesos de selección más inclusivos o formaciones más efectivas para equipos de liderazgo. En este sentido, el ERG se convierte en un motor de cambio transversal.
Además, hay un componente estratégico que no se puede ignorar: una empresa que incorpora la perspectiva neurodivergente en su toma de decisiones está mejor posicionada para atraer y retener talento especializado, adaptarse a nuevas normativas de diversidad o mejorar su reputación de marca empleadora.
Más que diversidad, una ventaja competitiva
A menudo se habla de neurodiversidad en clave de derechos, y con razón. Pero también conviene entender su impacto desde una mirada empresarial. En muchas organizaciones, las ideas más innovadoras no nacen en los canales tradicionales, sino precisamente en los márgenes. Las personas neurodivergentes, al percibir y procesar el mundo de forma distinta, pueden detectar oportunidades, riesgos o enfoques que otros pasan por alto.
Pero para que ese potencial se exprese, hace falta algo más que buena voluntad. Se necesitan espacios de escucha, redes de apoyo y estructuras que reconozcan que no todo el talento se ajusta al mismo molde. Aquí es donde los ERGs juegan un papel clave, porque permiten ir más allá del cumplimiento normativo y generar una cultura de aprendizaje mutuo.
Empresas líderes en distintos sectores ya lo están entendiendo así. No se trata solo de crear un canal donde las personas neurodivergentes compartan sus experiencias, sino de asegurarse de que esas voces lleguen a influir en decisiones reales, desde el diseño de productos hasta las políticas de recursos humanos.
De la visibilidad al impacto organizacional
Una de las fortalezas de estos grupos es su capacidad para transformar percepciones. En muchas culturas corporativas, la neurodivergencia todavía se asocia a limitaciones o estigmas. Sin embargo, cuando las personas neurodivergentes toman la palabra desde un espacio propio, con apoyo de la organización, se empieza a construir una narrativa distinta: una que pone en valor la diferencia sin romantizarla, pero reconociendo su aporte real.
Este cambio de narrativa, sumado a acciones concretas impulsadas desde los ERGs, puede mejorar significativamente el clima laboral. La neuroinclusión no solo beneficia a quienes se identifican como neurodivergentes; también crea entornos más flexibles, empáticos y sostenibles para toda la plantilla.
Eso sí, su éxito no depende únicamente de quienes integran estos grupos. Para que un ERG tenga impacto real, necesita respaldo desde la dirección, recursos asignados y un compromiso claro de integrar sus propuestas en la estrategia general de la empresa.
Un paso hacia el futuro del trabajo
Las organizaciones que entienden la neurodiversidad como un activo, y no como un desafío a gestionar, están construyendo una ventaja a largo plazo. Y en ese camino, los ERGs dedicados a la neurodivergencia son una herramienta poderosa para transitar desde el discurso a la acción.
Crear un grupo de afinidad no es solo una medida de inclusión: es una decisión estratégica con capacidad de transformar la cultura, fortalecer el sentido de pertenencia y abrir nuevas perspectivas para innovar.


